Ideas, planes, proyectos, pensamientos, flashes, iluminaciones,... ¿Y si escribo mis ideas desordenadas? A lo mejor así consigo comprender el por qué de mis ideales y sensaciones.
Voy a pensar por pensar y a escribir por escribir, sin ningún motivo importante, sin ningún fin pensado y sin ningún beneficio más que el propio desahogo personal. Mis ideas desordenadas acostumbran a moverse entre tres puntos lineales, puntos determinados por lo negativo, lo neutro y lo positivo.
Entre mis pensamientos ubicados en el lado negativo, pienso y me pregunto sobre paro, recortes, sueldos, precios, impuestos, corrupción política y financiera, desahucios, malestar social, indignación, resignación, desobediencia civil, estrés, violencia, incomprensión, hipocresía política, insolidaridad, inutilidad, absurdidad...
Por el otro lado, el positivo, pretender ahora de todo corazón, y con toda la razón posible, instaurar en uno mismo de manera más o menos permanente un pensamiento positivo, se hace realmente difícil conviviendo en un entorno plagado de crecientes contrariedades que se están creando en nuestra sociedad. He de pensar que se ha perdido todo sentido común o el sentido del bien común, anteponiendo la competitividad y la propiedad a la cooperación y la comunidad, aunque quede la familia intentando mantener estos sentidos vivos.
Se pueden lanzar muchas cuestiones que con sentido común se resuelven buenamente, pero que acostumbran a gestionarse de las formas más absurdas pensadas por parte de la élite gubernamental y empresarial, causando por ello desgracias que les resultan ajenas.
Mis primeras ideas sobre las que pregunto son:
¿Porqué llegados al punto actual de conocimientos y alta eficiencia tecnológica y empresarial tenemos que trabajar tantas horas para ganar un sueldo que nos baste para sobrevivir? ¿Y si todos trabajásemos menos horas, no habría trabajo para todos los parados y se obtendrían los mismos o mayores bienes y servicios?
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